La muerte en la era digital/Death at digital world


07 Jun
07Jun

Esta semana, hablando con una amiga, me comentó de unos conocidos comunes. Así, de improviso, se han tenido que marchar a China porque la hermana de él, nada más bajar del avión, cayó en redondo al suelo y los servicios de emergencia nada pudieron hacer por salvarle la vida. Ahora los familiares se encuentran en el lío de papeleos y trámites administrativos que conlleva la muerte de un familiar, con la dificultad añadida de tener que repatriar el cuerpo. Y aquí empiezan mis reflexiones. Se podría pensar que para qué repatriar el cuerpo. Lo que lo "animaba", la vida que había en él, ya no está. Quizás sería más sencillo organizar allí el entierro o la incineración, sabiendo la familia que en aquel país quedaron los restos de nuestro ser querido y así poder iniciar el largo y duro sendero del duelo. Pero para otras personas, ese cuerpo es lo único que les queda de aquel o aquella que se fue. Verlo por última vez, sentirlo cerca por última vez es la única manera de poder interiorizar que "ya no está", sobre todo en el caso de una muerte súbita. ¿Qué es lo más adecuado? Cada persona, en cada situación, debe dar por sí misma la respuesta. Hacer frente al dolor por la pérdida de un ser querido es muy duro. Lo único que podemos los demás, los ajenos al dolor directo, es apoyar para ayudar a sobrellevar el mal trago lo mejor posible.
Me enteré por casualidad que en mayo de este año se organizó en Valencia Funermostra, el certamen de los productos y servicios funerarios, lugar en el que se presentaron no sólo nuevos tipos de ataúdes ecológicos, sino empresas que ofrecen todo tipo de servicios relacionados con el paso al más allá, desde visitas virtuales a los cementerios hasta presentaciones en pantallas digitales con imágenes del difunto. También se ofrece la creación de páginas web específicas, llamadas "cementerios virtuales" en la que amigos, familiares y conocidos pueden dejar sus condolencias y mensajes de pésame e incluso un lugar especial donde hacer visibles los dibujos de los niños de la familia.
Durante mucho tiempo se dijo que la verdadera muerte era cuando nadie te recordaba, cuando no había nadie que honrara tu memoria. Se decía, pues, que morías dos veces. ¿Cuántas veces morimos ahora? Habría que sumarle, por lo menos, una vez más: la muerte 2.0, la del mundo virtual. Nos morimos cuando se anuncia en redes sociales que ya no estamos, que nunca volveremos a actualizar nuestros estados, pero también tenemos derecho a la desaparición de nuestra memoria virtual. Podemos (y de hecho, tenemos derecho) a que todo lo que aparezca sobre nosotros en la red de redes desaparezca para siempre, haciendo que nada de lo que ocurrió durante nuestra vida quede disponible en el futuro. Es otra muerte, porque en este mundo nuestro, donde conviven el físico y el virtual, nos morimos un sinnúmero de veces.



This week, talking to a friend, she told me about people we both know. So, unexpectedly, they had to go to China because his sister, as soon as she got off the plane, fell round to the ground and the emergency services could do nothing to save his life. Family members are now in the mess of paperwork and administrative paperwork associated with the death of a family member, with the added difficulty of having to repatriate the dead body. And this is where my reflections begin. You'd think that why repatriate the body. What "encouraged" it, the life in it, is gone. Perhaps it would be simpler to organize the burial or incineration there, as the family knew that the remains of our loved one remained in that country and thus be able to begin the long and hard path of mourning. But for other people, that body is all they have left of the one who left. Seeing her or him for the last time, feeling him or her close for the last time is the only way to be able to internalize that "it is no longer there," especially in the case of a sudden death. What is the most appropriate thing? Every person, in every situation, must give the answer for himself. Dealing with the pain of losing a loved one is very hard. The only thing that we, the others can do is to support to help to bear the bad drink as best as possible.
I found out by chance that in May this year Funermostra, the funerary products and services event, was held in Valencia, where not only new types of ecological coffins were presented, but also companies that offer all kinds of services related to the passage to the beyond, from virtual visits to cemeteries to presentations on digital screens with images of the deceased. It also offers the creation of specific websites, called "virtual cemeteries" where friends, family and acquaintances can leave their condolences and messages of condolence and even a special place where to make visible the drawings of the children of the family.
For a long time it was said that true death was when no one remembered you, when there was no one to honor your memory. It was said, then, that you died twice. How many times do we die now? It should be added, at least, once more: death 2.0, that of the virtual world. We die when social networks announce that we are no longer here, that we will never update our states again, but we also have the right to the disappearance of our virtual memory. We can (and indeed, we have the right) to have everything that appears about us in the network of networks disappear forever, making nothing that happened during our lifetime available in the future. It is another death, because in this world of ours, where the physical and the virtual coexist, we die countless times.

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