Misterio en el pinar


Misterio en el pinar

Reconozco que escribir estos artículos me resulta difícil...¿Qué cuenta una autora de sus propias obras? ¿Que lo escribí en un momento vital complicado, donde parecía que a mi hermana y a mí se nos caía nuestros mundos encima? ¿Que ese libro nos sirvió de anclaje para salir adelante y enfrentarnos a los retos de la vida con más fuerza? Sí, "Misterio en el Pinar" fue eso: un libro que nos unió, que nos sirvió de trampolín para encarar esos momentos duros con más fuerza. 

¿Qué quise poner en ese libro? ¡Lo que para nosotras significaba una infancia feliz! Un verano eterno, con primos, abuelos, tíos, amigos, vecinos y perros. Y por supuesto, aventuras. Fuimos lectoras del Club de los Cinco, así que en lo que para nosotras era una infancia feliz, no podía faltar un misterio, con malos, lo suficientemente malos para suponer un reto, pero no tanto como para paralizarnos de miedo. 

También incluí un ambiente de pueblo, con vecinos entrañables, que interactúan entre ellos y crean ciclos repetitivos que luego, de adultos, se rememora con una sonrisa en los labios. Así nació Toni, el escultor, el vecino de enfrente, que mantiene partidos de tenis dialécticos con Begoña, la panadera. ¿Porque, qué sería de la comunidad donde se desarrolla "Misterio en el Pinar" sin Begoña, la panadera? Cada día recorre las calles con su furgoneta blanca, vendiendo pan y dulces y, al mismo tiempo, sirve de enlace y creando lazos entre la población.

 La historia del nacimiento de Úrsula, la amiga de las rosas, otra vecina, es de por sí, toda una historia. Fue mi madre quien me propuso crear un personaje que tuviera un jardín donde únicamente crecieran rosales. Los mima y los cuida como si fueran sus hijos. Está convencida que la ópera es lo más efectivo para un buen desarrollo de las plantas y deleita a sus vecinos con música, mientras bebe agua de litines en una copa de champán. Los vecinos se quejan de sus gustos extravagantes (sobre todo, la tía Pilar, que a sus muy bien llevados 94 años, es la matriarca de la comunidad), y al mismo tiempo los aceptan pues Úrsula es la generosidad en persona, siempre dispuesta a ayudar, siempre que se respeten, sus queridos rosales.

 Para mi hermana y para mí, los veranos de nuestra infancia significaban también merendolas en la montaña, tiendas de campaña donde dormir, construcción de cabañas y juegos interminables con los amigos. Gabriel, Adrián y Laura, los tres primos protagonistas tienen amigos con los que comparten las vacaciones: Anna, la compañera de colegio de los mellizos, que llega con sus padres y su hermanito Teo desde Alemania y Kal, un niño que acaba de trasladarse desde África y desde pequeño recorre el mundo con su padre. Todo eso es lo que quise plasmar en el libro "Misterio en el Pinar”.