12 Nov
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En cierta medida, la portada es como la piel de un libro, lo externo, lo que lo envuelve. Su función es estimular la curiosidad del futuro lector, levantando ligeramente el velo del misterio que se oculta entre sus páginas. 

Durante el proceso de escritura, barajé varias ideas para la cubierta  de ANATOLIA, 6000 AÑOS ATRÁS, sin que ninguna me acabara de convencer, hasta que me topé con el mapa de Ignazio Danti. 

Nada más verlo supe que había encontrado la imagen que buscaba.

 El autor, debo reconocerlo, me resultaba totalmente desconocido. No necesitaba mucho más para despertar mi curiosidad. 

Si con Otto von Oppenheim descubrí al aventurero, en Danti hallé al erudito.

 Ignazio no es su nombre de bautismo, sino Pellegrino Rainaldi. Posteriormente, al tomar los hábitos, pasó a llevar el nombre con el que le conocemos en la actualidad. 

Creció en una familia en la que se fomentaba el estudio y el conocimiento. Su padre, arquitecto e ingeniero y, sobre todo, su tía Teodora, pintora y matemática, influyeron de forma decisiva en la formación del joven Pellegrino. 

Más tarde, estudió filosofía y teología aunque pronto se dedicó a su pasión: las matemáticas, la cosmología y la geografía. 

Aquí llegamos, pues, al momento que nos interesa: el famoso mapa.

 Danti tenía un hermano mayor, Vincenzo, que destacaba como pintor en Florencia. A través de esta relación familiar,  Danti entró en contacto con Cosimo I de Medici. 

A los Medici no hace falta presentarlos: banqueros, mecenas, gobernadores de Florencia durante 300 años. Entre sus miembros, figuran varios Papas.

 Cosimo I no estaba destinado a llevar el peso de la dirección de la ciudad de sus antepasados. Formaba parte de una rama secundaria, pero supo aparecer en el momento oportuno. Nació en un periodo de inestabilidad política. Los Medici a duras penas lograban mantener el control sobre Florencia y su territorio que se había declarado República, tras decidir que estaban hartos de ellos y expulsarlos. 

Huérfano de padre desde muy joven, fue educado al lado de sus primos Alejandro y Lorenzino. De los tres, era Alejandro el que debía llevar el título de Duque de Florencia. 

Se movieron las influencias precisas para lograr que los Medici pudieran volver al gobierno.

La península itálica era desde hacía años escenario de conflicto de intereses entre las potencias europeas, a los que los diferentes Papas que se iban sucediendo no eran ajenos. El territorio estaba fragmentado y sus fronteras iban variando en función de las fuerzas militares de cada momento. 

Cosimo I sabía muy bien a lo que se exponía llegando al poder por lo que estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para mantenerlo y el conocimiento geopolítico era esencial para ello.

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