Cumplir años desde la inter-generacionalidad


26 Nov

Varias personas de mi familia están cerca de los 50. Medio siglo. Un año para hacer balance. Algunos lo ven como una nueva etapa que se abre ante ellos. Pasó la edad de crecimiento, de forjar sueños, expectativas, que luego se forjaron en realidades y fueron destruidas por la fuerza de las embestidas de la Vida misma. Para ellos llega la edad de la plenitud, de aceptar que no se puede tener todo, y tienen la suficiente sabiduría para reconocerlo, pero también saben que aún les quedan metas por alcanzar, montañas que escalar, sueños que cumplir o reformular.

Para otros, les abre las puertas a la conciencia de su propia conclusión, de cerrar el círculo de esta vida para...y aquí empiezan las creencias de cada uno. Unos están convencidos que se fundirán en la nada y desaparecerán sin más. Sólo quedará de ellos lo que hayan hecho en esta vida y los recuerdos tengan las personas que continúan con vida. Otros creen en diferentes formas de vida más allá de la muerte.

¿Qué es envejecer? Biológicamente, es una serie de cambios en el cuerpo que aparecen por la acción del tiempo, en general por una disminución de división celular asociado al crecimiento. Pero a nivel emocional y mental, del cómo se siente una persona, se puede ser viejo a los 20 y joven a los 100, pues sentirse viejo implica más bien una actitud hacia la vida.

Hasta hace no demasiado tiempo, la vejez era una situación deseada. Se asociaba con experiencia y sabiduría, generando respeto en la comunidad. Con los avances tecnológicos actuales, parece que lo antiguo ya no vale, pues los conocimientos quedan obsoletos incluso antes de haber sido adquiridos por la mayor parte de la población. ¿Cómo construir relaciones inter-generacionales en este nuevo contexto? No hay una respuesta simple. Por parte de los mayores, aceptando que los jóvenes son también fuente de conocimiento, que los aprendizajes ya no son unidireccionales, de mayores a jóvenes, sino bidireccionales, en una toma y daca recíproco que enriquecen a ambas partes. Pero los jóvenes siguen teniendo mucho que aprender de los mayores. Los jóvenes tienen habilidades y conocimientos técnicos de lo inmediato, de la rapidez. Los mayores pueden aportar una mirada a largo plazo, habilidades como la demora de la recompensa o la tolerancia a la frustración tan importantes para alcanzar las metas que se desean.

No es tan difícil buscar actividades en común, sólo hace falta querer hacerlo. No requiere grandes preparaciones tampoco. Un paseo todos juntos, mirar vídeos que interesen en Youtube, comentar el último resultado de nuestro equipo favorito... Son cosas sencillas, pero que acercan las generaciones entre ellas y crean vínculos que se extienden incluso más allá de las vidas de los que los crearon.

Desearía que mis cuentos, las historias que la tía Albacuenta a Gabriel, Adrián y Laura, pudiera generar ideas, abrir caminos de debate, de reflexión. Si lo consiguiera, consideraría que mi objetivo está cumplido.


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